Un simple mensaje sirvió para que Julianne se diese por aludida, sabía que significaba lo que allí estaba escrito y sabía porqué iba a suceder, tragó saliva un escalofrío recorrió su cuerpo, al mismo tiempo que notó como se estaba humedeciendo, se avergonzó por lo que estaba sintiendo, la situación no era la más adecuada para que se excitase , estaba … CASTIGADA.
Abrió el armario y sacó la caja donde guardaba la ropa que a El le gustaba. Se vistió con esa falda negra justa y corta que le regaló, a la que añadió un jersey anudado en el cuello que dejaba su espalda al aire, nada de ropa interior, simplemente el liguero negro con las medias y las sandalias de tacón alto. Se miró en el espejo y comprobó que iba lo suficiéntemente puta para ir a su encuentro. Antes de marchar un ligero toque de maquillaje, perfiló la raya de sus ojos con un eyeliner negro y pintó sus labios de color rojo como sabía que le gustaban.
Salió a la calle y ya en su coche se encaminó a casa de Pablo, tenía órdenes de ser puntual así que condujo rápida, no quería agravar más la situación.
Julianne y Pablo no tenían ningún vínculo entre ellos, simplemente El había sido su Amo durante mucho tiempo y a pesar de no estar juntos, seguía teniendo contacto con ella, y cómo no… influencia sobre Julianne, a ella le gustaba y El siempre estaba dispuesto a seguir aleccionándola.
Llegó a su casa y se encaminó a la puerta, justo en el momento en el que iba a llamar a la puerta ésta se abrió, era Pablo que la había visto llegar desde la ventana, le tendió la mano y la ayudó a entrar, la observó y asintió complacido, Julianne se había vestido como a él le gustaba.
Cuando entró en el salón, Julianne vio que Pablo había preparado todo para castigarla con la intención de no perder tiempo en prolegómenos, quería pasar enseguida a la acción, así que mejor tenerlo todo a mano.
- Desnudaté- le dijo Pablo, a lo que Julianne obedeció. – Ven quiero que te sientes delante de mi y entiendas las razones por las cuales creo que debes ser castigada, me entiendes? - Sí asintió ella, y se sentó en la silla donde El le había indicado.
Pablo se levantó, se dirigió a la mesa y cogió de ella una cuerda, la dobló por la mitad y obligando a Julianne a poner las manos detrás las ató, sujetándolas al respaldo de la silla para que no hiciera ademán de escaparse. Cogió otra cuerda y repitió la misma operación con los pies sujetándolos firmemente a las patas de la silla. Tras esto metió un pañuelo de tela en la boca de ella y lo aseguró con cinta dejándola amordazada.
Pablo la contempló, pasó los dedos de su mano derecha por la boca de ella acariciando la cinta adhesiva y se colocó detrás de ella. Julianne no levantaba la vista, sabía que a él no le gustaba que le mirasen cuando estaba en situación, así que bajó la vista al suelo y se limitó a escuchar las razones por las que se había merecido este castigo.
- Verás mi querida niña… recuerdas el otro día cuando estábamos hablando por teléfono, verdad?, recuerdas ese tono arrogante que usaste conmigo y aquello que me dijiste?, sabes que no me gusta que te comportes ni que uses este tipo de vocabulario cuando estés hablando conmigo, tu carácter te lo guardas para otras personas, conmigo ya sabes que tienes que ser humilde y servicial, aunque ya no estemos juntos, fuiste mía y aun ahora lo sigues y seguirás siendo, te guste o no. Entiendes ahora los motivos por los cuales creo que debes ser “corregida”, verdad mi zorra?
Julianne recordó frase tras frase en su mente la conversación mantenida con Pablo y afirmó, sabía que él tenía razón, estuvo verdaderamente desagradable, así que se limitó a asentir y a empezar a asumir que aunque le gustase o no, él siempre tendría poder sobre ella.
Tras comprobar y asegurarse que Julianne estaba de acuerdo, le destapó la boca y le besó en los labios, metió la lengua tan profundamente que casi sintió una sensación de ahogo, pero era su manera de besar. Él siempre besaba fuertemente. De repente una bofetada hizo que se le girara la cara, cuando volvió a colocarla bien, otra hizo que girase la cara hacia el otro lado, veía que Pablo estaba disfrutando abofeteándola , tras estas dos le cayeron unas cuantas más.
Tras esto se acercó a Julianne y la desató de pies y manos, la obligó a desnudarse y a quedarse simplemente con las medias, el liguero y las sandalias de tacón alto. Una vez desnuda la colocó en el centro del salón, dónde ella pudo contemplar que en la viga que cruzaba la habitación colgaban 2 argollas bien disimuladas para que no se vieran pero suficiéntemente fuertes como para poder llegar a suspender a alguien. Le hizo abrirse de piernas y con la ayuda de una cuerda le hizo un arnés que iba desde su cintura atravesando su sexo y su culo para volver a atar la cuerda sobrante a la cintura, Pablo comprobó la resistencia del arnés tirando fuertemente de él, haciendo que de la boca de Julianne escapase un gemido de dolor.
Deslizó una cuerda por una de las argollas y la enganchó al arnés, tirando de ella para que el culo de Julianne quedase bien expuesto, aguántandose de puntillas. Acto seguido cogió las manos de ella y uniéndolas con una cuerda las asió a otra cuerda que deslizó por la argolla dejándolas tirantes hacia arriba.
- Estás cómoda zorrita?, vas a estar así durante el rato que a mi me de la gana, así que si tienes que alegar ahora hazlo, luego ya no tendré en cuenta tus protestas.
- Sí Señor, estoy bien, aguantaré como es mi obligación lo que se me quiera imponer, sabes que siempre te he servido y es para mi un honor que sigas disciplinándome.
Continuará…
Sexcrito por Sexy-girl