Ana seguía recriminándole a Jorge su actitud, al mismo tiempo que le cogió la cabeza y la levantó para que la mirase a los ojos.
Jorge se dio cuenta de que Ana estaba disfrutando de verle así, sabía que le encantaba humillarle y sentirse poderosa delante de él. Veía esa medio sonrisa en su cara que significaba que iba a empezar a usarle.
De repente le dio un par de bofetadas, al mismo tiempo que le volvió a bajar la cabeza. – No me mires, dijo Ana, no tienes ningún derecho a levantar tu mirada, así que limítate a obedecer, entendido?
Jorge bajó la mirada, le empezaba a gustar la actitud de Ana, incluso se estaba excitando debido a la situación, aun así dejó seguir el castigo. Necesitaba sentir la mano dura de Ana, le gustaba verla así. Así que se dispuso a obedecer bajando la mirada al suelo tal y como se le había ordenado.
Ella se colocó delante de Jorge y cogiendo las bragas que anteriormente él llevaba en la mano, le abrió la boca y se las metió a modo de mordaza asegurándolas con cinta adhesiva para que no las expulsase. En tono sarcástico le preguntó: – Qué estás bien ahora …?, notas su sabor?, su tacto?, verdad que sí..?, pues nada ahora ya has satisfecho tu curiosidad.
Giró la cabeza de Jorge hasta el espejo que había en la pared y le ordenó que se mirase, Jorge cerraba los ojos, le avergonzaba de siempre ver su imagen en un espejo cuando Ana le castigaba, y bajó la mirada. Ana le propinó una sonora bofetada obligándole a que se mirase.
Jorge se vio reflejado y a pesar de no gustarle esa imagen, estaba excitado, su pene estaba completamente erecto, intentaba disimular su excitación, pero por más que lo intentaba no podía, así que volvió a bajar la mirada al suelo.
Ana le desató los tobillos y le ayudó a incorporarse. Una vez en frente de ella, esta le miraba, le gustaba ver así a Jorge tan entregado y tan dispuesto .Así que comenzó a tocar su pene erecto, comenzó a masajearlo rodeándolo con sus dedos y empezó a masturbarle. Jorge gemía, le estaba gustando lo que estaba haciendo Ana y deseaba que no parase, que culminase lo que había empezado. Ella sabía que él estaba deseando que le dejase correr, y de repente paró, dejando a Jorge sin derecho a poder “estallar” de placer. Ana de normal nunca había negado el orgasmo a Jorge, pero esta vez creyó conveniente hacerlo dada la situación que había provocado el castigo.
Ana contempló la cara de resignación de Jorge tras serle negado el orgasmo y sonrió, le gustaba ser mala con él. Le ayudó a tumbarse en la cama boca arriba, el sexo de Jorge seguía erecto y duro, por lo que Ana siguió jugando con él, observaba los gestos y los gemidos de Jorge que pedían que no parase, que siguiese. – Quieres correrte …?, crees que después de lo que has hecho mereces hacerlo …? . Jorge encogía los hombros como dejando la elección a Ana, aunque estaba deseando que ella culminase lo que había empezado, pero sabía que no estaba en condiciones de pedir nada.
Ella paró, se levantó y dirigiéndose a su maleta cogió una caja. Cuando volvió frente a Jorge, la abrió para mostrarle su contenido, en ella había un cinturón de castidad se lo enseñó a Jorge que se temía lo peor. Ana le explicó que en un principio no tenía pensado el usarlo, que simplemente lo había comprado por si alguna vez fuera necesario, pero consideraba que ahora era la ocasión adecuada para hacerlo, no sin antes darle unos azotes para que aprendiese la lección.
Desató las manos de Jorge obligándole a ponerse a 4 patas sobre la cama, y cogiendo el cinturón de él, lo dobló y empezó a azotarle con él, recordándole a cada azote el motivo por el cual estaba siendo azotado y castigado. Tras 30 azotes Jorge le prometió a Ana que no volvería a ser curioso, que no volvería a meter las narices en maletas ajenas.
- Muy bien Jorge, espero que cumplas tu palabra y que no me decepciones , no me gustaría tener que repetirlo, ahora ponte de pie. Ana le quitó la cinta de la boca de Jorge y le sacó las bragas del interior de ella.
Jorge estaba de pie frente a ella, le obligó a ponerse el cinturón que ella le había mostrado. Cuando él hubo obedecido Ana lo cerró con un candado y guardó la llave en una cadenita que colgó en su cuello.
- Bueno Jorge a partir de ahora tu sexualidad me pertenece, cada uno de tus movimientos pasarán por mi, llevarás este cinturón por tiempo indefinido o hasta que nos volvamos a ver, así que ve reprimiendo tu curiosidad y ten muy claro que a partir de ahora me perteneces, de acuerdo?.
Jorge asintió, aunque sabía que sería duro para él, pero asumió la decisión de Ana. Desde este mismo momento se sentía el juguete sexual de Ana, aceptaba su condición de esclavo, sabía que no sería fácil, pues Ana era bastante dura, pero le gustaban los retos y éste era uno de ellos, se sentía más suyo que nunca …
FIN
Sexcrito por sexy-girl
Caramba con la señorita Ana…….Y con el señorito Jorge que también ha disfrutado de la situación. Me encanta como lo cuentas. Casi como si lo estuviera viendo en una película.
Tendrías que apuntarte a alguno de esos concursos de blogs. Seguro que tendrías éxito.
Besosss
Nos ha encantado tu blog, tus relatos son muy excitantes.
Un beso
Juan y Mari
Gracias obecedman, gracias por pasaros por aquí, me alegra que os hayan gustado mis relatos, a ver si me pongo las pilas y actualizo los blogs que ya ve siendo hora.
Un beso a vosotros también